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jueves, 3 de diciembre de 2015

El transporte marítimo interno y los intereses marítimos nacionales


Visión Estratégica del Cabotaje Marítimo en el Perú: retos y posibilidades
Jean Jesu Doig Camino*

“… el buque mercante de un Estado […] es una
«parte flotante de territorio» de ese Estado,…”
Eugène Cauchy (1862: 157)



INTRODUCCIÓN

El objeto de este ensayo académico recae en el transporte marítimo interno llamado cabotaje como el más importante interés nacional en el ámbito marítimo, por ser un servicio público esencial para el uso seguro y sustentable del mar. Así mismo, sus conclusiones se orientan en ideas fuerza que se centran en las relaciones entre la historia marítima del país y la gran estrategia nacional, los intereses marítimos y las políticas públicas nacionales, y entre el cabotaje y la economía de mercado.

El enfoque de arte y ciencia con visión retrospectiva de la Historia Marítima del Perú, posibilita retrotraer el estudio de la realidad marítima a hechos del pasado en favor de elegir en el momento presente la mejor actitud estratégica para preparar un futuro promisor; así mismo, este punto de vista es complementario del enfoque prospectivo de la estrategia como disciplina autónoma, que facilita decidir en las circunstancias actuales la ocurrencia de posibles escenarios futuros y expresar una visión estratégica del cabotaje marítimo en el país.

Actualmente, no existe una política marítima integrada de Estado que regule la utilización racional del transporte marítimo interno como un servicio de interés nacional. Se necesitan definir objetivos claros y alcanzables, los que acompañados de políticas específicas simples y fácilmente aplicables permitan aprovechar los recursos disponibles del Dominio Marítimo del Perú en forma inteligente y eficiente.

En tal sentido, es fundamental comprender la relación entre el cabotaje marítimo y el mercado, tanto interno como subregional, con el propósito de contribuir mediante medidas de fomento en las respectivas políticas públicas la integración y el desarrollo nacional, por la estrecha relación que existe entre intereses marítimos e instrumentos de política de Estado de protección del transporte marítimo conforme el derecho nacional e internacional, a fin de contribuir a la cohesión, integración y desarrollo sustentable del país y la subregión, posibilitando la seguridad hemisférica.

Políticas Públicas Comparadas: cabotaje libre y cabotaje regulado

Existen dos corrientes de pensamiento en el país y en la subregión sobre el cabotaje marítimo, situación que permite comparar dos políticas públicas, una de protección y promoción del transporte marítimo comercial en tráfico nacional, declarado de necesidad y utilidad públicas y de preferente interés nacional por norma legal vigente, y otra de libre mercado de servicios de transporte marítimo interno. (El Comercio 2013, 2014a, 2014b)
 
El elemento común de estas dos políticas públicas en el país es el servicio de transporte marítimo en su rol de medio económico, en un caso regulado por intervención del Estado y en el otro desregulado por una mínima participación del Estado.

El elemento no común que distingue ambas políticas es el rol de medio logístico de los servicios de transporte marítimo en tráfico interno, que soporta al sistema de transporte nacional en apoyo a la seguridad y al desarrollo del país, componentes privilegiados por el cabotaje regulado, y que tiende a desdeñar el cabotaje libre.

El cabotaje como medio logístico es un recurso del sistema de transporte nacional que, por un lado es elemento primordial del comercio debido a su función de distribución en la economía de mercado, y por otro es un servicio público esencial de prioritaria inversión que el Estado garantiza por razones primordiales de seguridad energética, alimentaria, militar-policial y de contingencias para el desarrollo del país.

El cabotaje marítimo como recurso del sistema de transporte nacional, se constituye en un subsistema esencial de la logística integrada del país, así como en un recurso fundamental de la logística regional con especial importancia en el soporte logístico integrado de la subregión como bloque de economía y desarrollo comprometido con la seguridad hemisférica. (Corcuera 2007: 165)

El cabotaje como medio económico es un producto comercial de intercambio en el mercado nacional, consistente en un servicio de transporte que por política pública nacional de protección y promoción de la Marina Mercante para la inversión en el patrimonio naviero del país, se reserva exclusivamente a buques mercantes de bandera peruana, así como a buques de bandera extranjera fletados u operados únicamente por empresas navieras nacionales.

El cabotaje libre se sostiene en las leyes del mercado de la libre oferta y demanda, que se fundamentan en el principio económico de la óptima distribución de la riqueza, y en la eficiente contribución al desarrollo de las naciones, en oposición a la intervención del Estado. Sin embargo, al persistir la figura del Estado en la realidad mundial como actor esencial del sistema económico global por configurar mercados nacionales, persiste la figura del cabotaje jurídico, sea libre o regulado por principio de soberanía que el Estado ejerce en el territorio marítimo nacional.

Una tercera corriente de pensamiento dentro del concepto de cabotaje marítimo, como política pública nacional, tiende a ubicarnos en una posición intermedia de cambio gradual por la tendencia mundial orientada a pasar de un sistema de cabotaje regulado a otro libre, siguiendo la experiencia anterior de los Estados que al liberalizar el transporte marítimo de tráfico internacional ha contribuido a dinamizar la economía nacional y mundial.

El cabotaje en la región americana tiene objetivos diversos (Sánchez 2002: 29), que se pueden resumir en políticas públicas nacionales destinadas a:
a. Defensa y seguridad, al reservar tanto el cabotaje como también parte del transporte internacional a fin de poseer y disponer de una flota naviera propia.
b. Economía y estrategia, por vocación de los países de contar con una marina mercante propia, generar trabajo y participar en la exportación de servicios de transporte marítimo.
c. Industria y logística, cuando los Estados pretenden influir en la construcción y reparación local de buques destinados al cabotaje, con facilidades de infraestructura y soporte de apoyo a esta actividad. 
d. Empleo y reserva, al asegurar que las tripulaciones de los buques de bandera serán de nacionales del país donde se realiza el cabotaje, acumulando experiencia y conocimiento en el desempeño de esta actividad.

Sin embargo, pese a la aplicación de tales políticas del transporte marítimo para lograr los objetivos deseados, en muchos países no ha existido inversión en flotas durante años, así como no existe señal potencial de un incremento de inversión en industrias marítimas y portuarias nacionales, como es en nuestro país, por lo que se podría afirmar que la tendencia a la apertura del cabotaje a empresas extranjeras en la subregión es inexorable y gradual. (Sánchez 2011)

Por otra parte, la exclusividad del servicio de transporte marítimo en tráfico nacional o cabotaje elimina la posibilidad de mejorar la intermodalidad en el transporte, la competencia entre distintos modos, así como la integración nacional y subregional, sin opción de generar nuevas oportunidades de empleo; debido a que, al perderse
la posibilidad de reducir costos de los servicios de transporte y por tanto reducir costos de la cadena de logística para los generadores de carga nacionales y extranjeros, se reduce la competencia y se elimina la posibilidad de utilizar servicios de operadores extranjeros –potencialmente- más eficientes y de menor costo, generando que los costos de transporte doméstico se [vean] artificialmente incrementados [por] una oferta cuasi monopólica (Sánchez 2002: 30).

Un referente valioso en políticas marítimas comparadas es la Unión Europea, que ha desarrollado el concepto ampliado del cabotaje comunitario, en contraste al tradicional concepto de cabotaje nacional de los Estados, concepción que sin descuidar el doble rol del cabotaje, para con la seguridad y el desarrollo de la comunidad europea, ha posibilitado promover inversiones en servicios de transporte marítimo de corta distancia (TMCD) por competitividad a mejores economías de escala. (UE 1999, 2002, 2003, 2007, 2008)

El concepto de TMCD responde a un criterio técnico-económico, por ser reflejo del diseño y operación de naves apropiadas y eficientes para tramos cortos de navegación y cargas mínimas, que pueden recorrer entre puntos intermedios distancias mayores a las limitadas por los litorales de un sólo país al trasladar cargas menores a las usuales para el tráfico internacional. El TMCD está vinculado al libre mercado del tráfico alimentador de rutas norte-sur-norte en el sistema de transporte marítimo mundial, confluyendo con un enfoque integrado al desarrollo sostenible de empresas navieras y de país en la subregión.

Por otro lado, los servicios de TMCD por eficiencia de tramos cortos no menores de 500 Km (López 2011: 23), y volúmenes de carga no menores de 900 Tm (Apoyo Consultoría 2013: 11), posibilita por economías de escala un factor de oportunidad para el inversionista naviero, así como para el país la posibilidad de configurar con visión estratégica su litoral por concentraciones portuarias en conexión con el tráfico interno nacional y subregional, potenciando el cabotaje entre litorales de Estados continuos por competitividad en rutas marítimas alimentadoras norte-sur-norte, para mayor eficiencia comercial y económica de navieros y usuarios.
 
Política Pública Nacional: cabotaje regulado

El cabotaje en el país es tema de investigación y desarrollo histórico que se aborda desde la época pre-hispánica en el Volumen II del Tomo II de la Historia Marítima del Perú, cuando se comprueban hipótesis sobre la navegación y el comercio de los pobladores de la costa anteriores al Estado incaico, principalmente por el sistema de navegación costera y el transporte del guano de islas, que se mantuvo luego por los propios colonizadores españoles desde el Callao a Panamá. (Villena 1981: 35-59)

En el Perú, el cabotaje es el transporte marítimo, fluvial y lacustre entre puertos del territorio nacional. La naturaleza comercial de dicha actividad de servicios de transporte marítimo, prioritaria de los intereses marítimos nacionales, está definida y regulada por las disposiciones contenidas en la Ley Nº 28583 publicada el 22 de julio de 2005, Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional, modificada por la Ley Nº 29475 publicada el 17 de diciembre de 2009, así como por el Decreto Supremo Nº 014-2011-MTC del 15 de abril de 2011, que aprueba el Reglamento de la Ley Nº 28583. (CRP 2015)

Al respecto, el transporte marítimo, fluvial y lacustre comercial en tráfico nacional, denominado cabotaje según Art. 7.1º de la Ley Nº 28583, cuya naturaleza como actividad comercial está definida por el Art. 45.1º del Reglamento de la Ley Nº 28583, corresponde al transporte acuático comercial de pasajeros y carga, en tráfico que se realiza entre puertos peruanos y está reservado exclusivamente a favor de los buques mercantes de bandera peruana, de propiedad o bajo las modalidades de arrendamiento financiero o arrendamiento a casco desnudo, con opción de compra obligatoria y operados por un naviero nacional.

La estrecha relación entre defensa de la soberanía nacional y el cabotaje, de manera similar a como está regulado en muchos países del entorno, se debe a que la figura económica del cabotaje no responde a una actividad de comercio neutral, sujeta exclusivamente a las reglas del mercado y a la libre competencia. Es una actividad que responde a una figura jurídica que muchos Estados reservan para que sea ejercida por sus nacionales por principio de soberanía y jurisdicción en favor del patrimonio naviero nacional.

Una reserva de tal naturaleza no se justifica tanto en razones de orden fiscal o de impulso económico de determinadas políticas públicas, sino de inversión y reinversión en la flota naviera nacional, territorio flotante del Estado por extensión del principio de territorialidad en función del derecho del pabellón o bandera nacional, dado que:
En todas partes, en el Océano como en los puertos extranjeros, el buque de guerra lo mismo que el mercante constituye una parte integrante del territorio de su Nación; un pedazo, digámoslo así, desprendido del suelo de la patria, con el cual van siempre estrechamente unidos el idioma, los usos, las costumbres, las leyes y la jurisdicción de aquella, que sin que la de otra Potencia alguna pueda jamás invadirla sin inferir ofensa a la bandera que la simboliza (Negrin 1873: 102).

El cabotaje regulado se sustenta en el deber del Estado de promover el bienestar general y el desarrollo integral de la Nación (CPP 1993), así como por principio de complementariedad defender la soberanía nacional, garantizando la seguridad de la Nación mediante el Sistema de Defensa Nacional. La seguridad y el desarrollo en el ámbito marítimo con variables interdependientes y conceptos concomitantes porque aparecen y actúan conjuntamente.

El Estado regula el cabotaje en el país, en alternativa al concepto de cabotaje libre, a través de una política pública nacional que materializa una restricción al naviero extranjero por un trato diferenciado de nacionalidad constitucionalmente permitido (TC 2013), para realizar el transporte acuático en tráfico interno; sin embargo, es una medida restrictiva de protección que afecta la norma internacional de trato nacional entre Estados parte de tratados de libre comercio vigentes. (ALADI 2006) y (OMC 2014)

Son dos los objetivos principales de la política de Estado sobre el cabotaje: uno, promover la reactivación de la Marina Mercante Nacional como una actividad esencial cuya consolidación coadyuva al fortalecimiento y crecimiento del país, y otro, incrementar la reserva naval de la Marina de Guerra del Perú. Ambos objetivos se sustentan no solo en la inversión naviera del país, sino en la reinversión que hace el empresario en su propio patrimonio, cuando al incrementar la flota de bandera nacional contribuye a construir un país sustentable desarrollando el territorio flotante del Estado. (Cauchy 1862: 157)

El resguardo de que dicha actividad económica se realice a través de operadores nacionales y mediante naves de bandera nacional está asociado al hecho de que estos conforman la Marina Mercante Nacional y forman parte de la reserva naval de la Marina de Guerra del Perú, toda vez que por Art. 24.2º del Decreto Legislativo Nº 1138, se precisa que:
Conforman el material de la reserva naval, las embarcaciones de bandera peruana, las instalaciones marítimas, fluviales, lacustres y portuarias, a flote o en tierra con sus respectivos sistemas y equipos, y por aquellos bienes y servicios que requiera la Marina de Guerra del Perú, para el cumplimiento de sus funciones, de acuerdo con lo establecido en la legislación específica sobre la materia (TC 2013).

En tal condición, su existencia y fomento están vinculados al cumplimiento de los fines que se asignan a la Marina de Guerra del Perú, por artículos 3º y 4.1º del Decreto Legislativo Nº 1138, en las funciones de controlar, vigilar y defender el dominio marítimo, así como de contribuir a garantizar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República. La Ley 28583 establece que el transporte de hidrocarburos en tráfico nacional queda reservado hasta por un 25% para buques de la Marina de Guerra del Perú por razones de seguridad y defensa nacional, alto interés público y conveniencia nacional. (MGP 2015)

En consecuencia, corresponde al Estado a través de la Marina de Guerra del Perú contribuir al desarrollo de la Marina Mercante Nacional, potenciando el órgano institucional encargado del servicio naviero para el transporte de hidrocarburos asignado por ley, a fin de promover e impulsar el cabotaje regulado en el país con el material y personal de su reserva naval disponible hasta alcanzar la reactivación plena del mismo y actuar luego conforme el principio de subsidiaridad del Estado, solo donde no hay participación privada; así como, participando en el desarrollo económico y social del país según tarea constitucional. (CPP 1993)

Por otro lado, por instrumento de políticas marítimas públicas en la subregión nos rige el derecho comunitario de la CAN sobre el transporte marítimo, dado que es un tratado vigente que forma parte del derecho nacional, y que por la Decisión 288 del 21 de marzo de 1991, vigente el 4 de abril de 1991, permitió eliminar la reserva de carga a nivel andino, lo que posibilitó una significativa reducción de fletes y una mayor oferta de bodega para el comercio de productos entre Países Miembros; así como, por la Decisión 314 del 6 de febrero de 1992, vigente el 18 de febrero de 1992, que permitió la libertad de acceso al transporte entre puertos de los Países Miembros. (CAN 1991, 1992)
 
Las políticas públicas expresadas en normas legales consistentes con el derecho  internacional, tiene su correlato técnico en planes estratégicos sectoriales que posibiliten el cumplimiento de la ley y el logro de objetivos de interés nacional en forma progresiva y gradual. En tal sentido, para alcanzar la reactivación y promoción del cabotaje es tarea pendiente del Centro de Planeamiento Estratégico Nacional (CEPLAN 2005) liderar la planificación nacional para modernizar las infraestructuras portuarias, desarrollar cadenas logísticas en las que participen puertos y facilidades de infraestructura al comercio exterior en forma total e integrada, en armonía con la Autoridad Portuaria Nacional del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (APN 2015)  y el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR 2015), a fin de contribuir a facilitar el transporte multimodal en el país y en la subregión.

En suma, existen medidas de fomento al cabotaje que se encuentran dispersas en políticas públicas marítimas, portuarias y comerciales de protección del transporte marítimo interno, pero cada vez más se hace necesaria una política marítima integrada que contribuya a incrementar la eficiencia y competitividad del cabotaje en modo complementario al carretero en el sistema de transporte del país, integrando el mercado interno nacional al intracomunitario subregional por vía intermodal.
 
Visión Estratégica: retos y posibilidades

El cabotaje en el país, por hechos histórica y jurídicamente demostrados, sigue siendo protegido por el Estado, por lo que cabe considerar en prospectiva la posibilidad de una opción intermedia de política pública para el cabotaje marítimo que sincere el empleo de buques extranjeros persistente en la realidad garantizando el proceso de reinversión en el patrimonio naviero nacional, a fin de desarrollar el territorio flotante nacional y ubicar al país en una posición estratégica de cambio gradual por la tendencia mundial orientada a pasar de un sistema de cabotaje regulado a otro libre progresivamente.

El cabotaje marítimo tiene un doble reto en el sistema de desarrollo y seguridad nacional respectivamente, primero en función de medio económico, como producto comercial de intercambio en el mercado interno, consistente en un servicio de transporte acuático reservado a nacionales por política pública de protección y promoción de la Marina Mercante, y por último de medio logístico del sistema de seguridad nacional como subsistema de apoyo logístico integrado al país, y recurso logístico integrado en la subregión contributivo a la seguridad hemisférica.

El concepto de cabotaje marítimo responde más a un criterio técnico-jurídico por estar vinculado a las regulaciones propias al tráfico interno de cada Estado o comunidad de Estados, mientras que el concepto de transporte marítimo de corta distancia, responde a un criterio técnico-económico, por el diseño y operación de naves eficientes para tramos cortos de navegación trasladando cargas menores a las usuales del tráfico internacional, con buques que pueden recorrer entre puntos intermedios distancias mayores a las limitadas por los litorales de un solo país en confluencia competitiva de rutas marítimas alimentadoras. Ambos conceptos son complementarios y constitutivos de retos y posibilidades al desarrollo proyectado del transporte multimodal en el país y la subregión.
 
El uso sustentable del mar en el país plantea el reto institucional de contar con un ordenamiento marítimo regulado constitucionalmente, al más alto nivel del sistema jurídico nacional, vinculado a una política marítima integrada de Estado en resguardo de los intereses nacionales, con leyes de desarrollo constitucional que privilegien los servicios de transporte marítimo comercial de tráfico nacional o cabotaje marítimo, normas legales complementadas con un enfoque integrado y visión de futuro en el planeamiento estratégico nacional (CEPLAN), mediante planes estratégicos sectoriales concurrentes en desarrollo y seguridad nacional.

El mercado de servicios de transporte marítimo de tráfico nacional o cabotaje marítimo se encuentra desvinculado del mercado de servicios de transporte marítimo de corta distancia en la subregión, planteando el reto para el Estado de contar a futuro con un ordenamiento marítimo multilateral por convenio subregional vinculado a una política marítima integrada de Estado, que privilegie el cabotaje por intercambio de servicios de transporte marítimo en el mercado intracomunitario subregional.

La concentración geográfica por actividades productivas, la localización de la población del país por su consumo asociado, y los servicios de transporte marítimo por eficiencia de tramos cortos en confluencia de rutas alimentadoras del tráfico mundial, posibilita configurar con visión estratégica el litoral nacional en tres grandes concentraciones portuarias: Norte, Paita y Bayóvar; Centro, Callao y San Martín; y Sur, Ilo y Matarani, por terminales intermodales que transfieran la mayor cantidad actual y potencial del intercambio comercial del país, correspondiente al tráfico de  carga general y contenedores del mercado nacional e intracomunitario subregional.


Es un reto para la Marina de Guerra del Perú contribuir al desarrollo de la Marina Mercante Nacional, potenciando el órgano institucional a cargo del servicio naviero (SERNAVIMAR) de transporte de hidrocarburos asignado por ley, a fin de  promover e impulsar el cabotaje regulado en el país contando para tal efecto con el personal y material de la reserva naval disponible, hasta alcanzar su reactivación plena y actuar luego conforme el principio de subsidiaridad del Estado; así como, es una posibilidad institucional participar en el desarrollo económico y social del país con los medios y recursos que conforman la reserva naval, como son las embarcaciones de bandera peruana, las instalaciones marítimas, fluviales, lacustres y portuarias, a flote o en tierra con sus respectivos sistemas y equipos, y aquellos bienes y servicios que requiera la Marina de Guerra del Perú, para el cumplimiento de sus funciones, conforme lo establecido en normas y planes vigentes.



BIBLIOGRAFÍA

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Corcuera, Alberto. 2007. Identificación puntual de los requerimientos en materia de transporte y logística en los Países de Menor Desarrollo Económico Relativo (PMDER). Publicación DAPMDER Nº 07/07. Montevideo: Secretaría General de la ALADI. Consulta: 10/9/2015.
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NOTA DEL EDITOR

* Contralmirante MGP. Colaborador de «ForoGeomarítimo».



domingo, 11 de octubre de 2015

Peruano del milenio: seguimos tu ejemplo

Miguel Grau: rasgos de personalidad
Jean Jesu Doig Camino*


“El servicio de los buques y particularmente el de
la Marina de Guerra, necesita hombres […] llenos de abnegación, de costumbres severas y dedicados a su profesión.”
Miguel Grau, Memorias de 1878



RESUMEN

Este artículo, en una aproximación inicial pretende identificar los cinco grandes rasgos o dimensiones básicas en la descripción de la personalidad de Miguel Grau, al vincular actos y actitudes con comportamientos, orientando este empeño en tres fuentes de estudio e investigación: hechos históricos relevantes, documentos trascendentes propios del personaje y experiencias sensibles de sus estudiosos, con el compromiso posterior de profundizar la investigación de nuevas fuentes que permitan promover y perfeccionar el estudio y conocimiento del héroe máximo del Perú, a fin de contribuir a facilitar el camino a quienes están llamados a seguir su ejemplo. 



Introducción

Estudiar los rasgos de personalidad del paradigma de talla nacional y mundial, caracterizado en mayor medida por sus hechos que por su discurso, implica investigar con exhaustivo esfuerzo la estrecha vinculación entre sus acciones y actitudes respecto del comportamiento que caracterizó su actuar, pues sólo así podremos conocer mejor al personaje, con el propósito de orientar mejor nuestros propios pasos en la dirección cierta, al estar llamados a seguir su ejemplo.

Este breve ensayo pretende identificar los principales rasgos de la personalidad de Miguel Grau por sucesivas aproximaciones a sus elementos componentes, orientando el empeño inicial en establecer relaciones en tres fuentes de estudio e investigación: hechos históricos relevantes, documentos trascendentes propios del personaje y experiencias sensibles de sus estudiosos, con el compromiso luego de profundizar la investigación de nuevas fuentes que permitan perfeccionar el estudio abordado.

El estudio de rasgos de personalidad se ubica en el campo de la psicología, y este empeño inicial se centra en aplicar el modelo básico de las cinco dimensiones o características universales de la personalidad que distinguen a los seres humanos con claridad: extroversión, afabilidad, escrupulosidad, estabilidad emocional y cultural, aspectos fundamentales de la personalidad aplicables a individuos de nuestra cultura occidental y cristiana.

Cabe señalar, que aun cuando los rasgos que describen conductas pueden ser comunes a muchas personas, cada personalidad individual representa una caracterología propia, de un proyecto de vida único e irrepetible; sin embargo, son rastros de valiosas experiencias para diseñar y construir nuevos proyectos personales. En el caso de Miguel Grau su personalidad se proyecta en síntesis en el epígrafe de este artículo.


1. Relaciones conceptuales: rasgos y elementos de la personalidad

Identificamos los cinco grandes rasgos o dimensiones que contienen los aspectos más sobresalientes de la personalidad de Miguel Grau, a través de sus elementos componentes, los mismos que vinculamos con acciones y actitudes respaldadas por testimonios y percepciones contenidos en las fuentes documentales de investigación exploradas.

Los elementos componentes relacionados con tales rasgos que ha priorizado este estudio por comportamientos son: en extroversión, enérgicos, asertivos, seguros, ingeniosos, emprendedores y optimistas; en afabilidad, comprensivos, generosos, modestos, íntegros, afectuosos y realistas; en escrupulosidad, organizados, confiables, perseverantes, decididos, mesurados y consistentes; en estabilidad emocional, no excitables, no emotivos, autónomos e individualistas; en lo cultural, intuitivos, inteligentes, y creativos. (Morris 2001: 459)

El vocablo extroversión, tomado de la lengua inglesa por la fuente documental de referencia, ha sido interpretado en la lengua española como sinónimo de alteridad para este estudio, por la acepción de la palabra, en el sentido del interés y preocupación para con otras personas fuera de uno mismo.

Los elementos del rasgo estabilidad emocional no excitables y no emotivos, han sido agrupados en este ensayo en el concepto de resilientes, en razón a la naturaleza común de ambos caracterizada por el autocontrol emocional en lo adverso y favorable.

En síntesis, y como colofón de los rasgos de personalidad identificados finalmente, han sido agrupados en dos dimensiones primordiales relacionadas entre sí, con la pretensión de reflejar el perfil de Miguel Grau desde un enfoque total e integrado, pensando que el ejemplo arrastra.


2. Hechos históricos relevantes: asertividad, integridad e inteligencia

Dos páginas de la historia que dan muestra nítida de las acciones y actitudes de Miguel Grau son: Iquique y Angamos, las mejores pruebas de las dimensiones de alteridad y afabilidad, por asertivo e íntegro marino y ciudadano, patriota y cristiano,  que en los extremos de una nefasta guerra fratricida deja para los suyos y la humanidad sus más preciados valores de dignidad y humanismo.

La actitud de Miguel Grau respecto de tales hechos históricos se cristaliza en la percepción de Ella Dumbar Temple cuando señala: “hermoso testimonio de esta faceta humanista de Grau, es el consignado en su carta a su cuñada, Manuela Cabero de Viel, en la cual le confiesa que está cada vez más contrariado de no ver el término de esa guerra que él siempre ha considerado fratricida o guerra civil” (1979: 32).

Sobre el íntegro actuar de Miguel Grau, Manuel González Prada subraya: “…que es encomiable la íntima unidad de vida que se advierte en el comandante del Huáscar: lo privado y lo público, el marino y el padre de familia, el ciudadano y el esposo, todo integra una sola manifestación de inteligencia, conducta y afecto”  (citado en De la Puente 2003: 234).

Es recurrente la percepción del actuar cristiano de Miguel Grau cuando José Agustín de la Puente Candamo señala: “Grau es un creyente en la Iglesia Católica, y vive las virtudes naturales y las cualidades del hombre cristiano. Amigos cercanos como José Antonio Roca y Boloña, Carlos Elías o el padre Gual, son muestra del ambiente en el cual transcurre su vida. Francisco Paz Soldán […] cuenta que Grau se confiesa con el padre Gual en los descalzos, y sale del Callao con el convencimiento de que su muerte no está lejana”  (2003: 236).

Guillermo Thorndike Losada es concluyente cuando narra: “terminaba  marzo y el capitán Grau se presentó temprano ante monseñor José de Eslava, provisor del arzobispado de Lima, a informar su deseo de contraer matrimonio con Dolores Cabero, […] bajo juramento Miguel Grau dijo ser natural de Piura. Hijo de Juan Manuel Grau y de Luisa Seminario. Soltero y católico, apostólico y romano” (2006: 838).


3. Acciones y actitudes solidarias e intuitivas: comprensión, inteligencia  y creatividad

En los rasgos de alteridad y afabilidad identificamos un elemento básico de la personalidad de Miguel Grau: su sensibilidad comprensiva para con el hermano en estado de guerra, y en su dimensión cultural el elemento intuitivo, inteligente y creativo por la integración sudamericana.

La guerra del Pacífico fue una guerra fratricida porque enfrentó  hermanos muy queridos en el círculo de la familia de Grau, quien al escribir a Manuela Cabero de Viel remarcó: “al cielo le pido que me separe siempre de la “Chacabuco”,  porque para mí sería siempre la más grande desgracia tener que combatir con Viel a quien tanto quiero”  (citado en Arosemena 1975: 168).

Por otro lado, esta nefasta guerra enfrentó naciones hermanas que sellaron su independencia con acciones aliadas en el mar en “Abtao” y “Dos de Mayo” en 1866. El combate naval de “Abtao” consagró a Miguel Grau como héroe americano, paradigma de liderazgo con visión de futuro empeñado en el ideal de integrar una sola nación sudamericana.

Miguel Grau deja testimonio escrito de su actitud intuitiva y creadora en la proclama del Comandante General de la Marina en 1877 (Arosemena 1975: 116).  Inteligencia y creatividad que es percibida como: “un bello texto de Grau escrito en 1876 [1877] presenta un desarrollo teórico sobre el porvenir de la Marina en todos los pueblos, y más en las repúblicas nuestras, que él imagina unidas, con una institución naval al servicio y para la defensa de esa unión” (De la Puente 2003: 238).

Sir Clement Markham, dice de Miguel Grau: “… que debió ser rudo, resultó por el contrario, afable, ingenioso y hábil […] que conocía dos lenguas extranjeras y que sin presunción sino con encantadora sencillez podía hablar de lugares y de gente remotos, conocidos gracias a servicios prestados en buques cuyos nombres y aventuras nos es dado a saber merced a esa relación que está guardada en el Archivo Histórico de la Marina” (citado en Romero 1984: 30), percepción de sustento para identificar elementos primordiales del rasgo cultural de la personalidad de Miguel Grau.

  
4.  Acciones y actitudes humanitarias: mesura, consistencia, perseverancia y confiabilidad

Los hechos del almirante Miguel Grau en la guerra del Pacífico tienen su máxima expresión en el combate naval de Iquique, por su acción humanitaria para con los heridos y náufragos enemigos, a quienes ordena rescatar y poner a salvo; así como, por su actitud prudente y protectora para con las personas y poblaciones que no participaban en combate. Geraldo Arosemena Garland precisa: “los botes del ‘Huáscar’ recogieron a 62 náufragos, la totalidad de los  sobrevivientes de una tripulación de 198 hombres. Del pecho de los rescatados en la cubierta del ‘Huáscar’, salió un grito estentóreo: ¡viva el Perú generoso!” (1975: 157).

Luís Uribe, teniente de la Armada de Chile, relata en una comunicación al Comandante en Jefe de la Armada, fechada en Iquique el 29 de mayo de 1879: “los botes del huáscar recogieron del agua a los sobrevivientes y en la tarde del mismo día fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros” (citado en De la Puente 2003: 292).

La acción humanitaria de Iquique (1879), se adelanta en 70 años a la firma de los cuatro convenios de Ginebra del Derecho Internacional Humanitario (1949) vigente, y constituye un hecho de dimensión mundial por el aporte de humanizar los actos de guerra, precediendo los acuerdos contenidos en la segunda convención de Ginebra sobre heridos, enfermos y náufragos de las fuerzas armadas en el mar, donde el “… llamado marítimo constituye una extensión del convenio de Ginebra para aliviar la suerte de los heridos y enfermos de las fuerzas armadas en campaña, cuyas disposiciones adopta la guerra marítima” (Cruz Roja 1970: 11).

Las acciones y actitudes humanitarias que consagran la vida y obra del almirante Miguel Grau como paradigma internacional del «Derecho de la
Guerra», son muestra de mesura, consistencia y perseverancia aspectos que configuran el principal elemento de confiabilidad del rasgo de escrupulosidad en su personalidad, pues a remarcar: “su comportamiento, siempre fiel a las más prestantes tradiciones de honor y caballerosidad, fue la expresión de su hondo y arraigado humanismo. A lo largo de todo el conflicto bélico no se apartó de las normas del derecho internacional y de gentes, inspiradas  en las concepciones éticas de raíz medieval y victoriana…” (Dumbar 1979: 31).



5. Actos y actitudes de abnegación y modestia: consistencia, perseverancia y resiliencia

El capitán Arturo Prat comandante de la corbeta «Esmeralda», quien cae abatido en combate sobre la cubierta del «Huáscar», y que luego es reconocido como el máximo héroe naval chileno, por ser héroe americano en la lucha peruano-chilena contra el dominio español, y patrono de la Armada de Chile por su valerosa acción, es muestra del trato magnánimo del vencedor para con el adversario digno y consecuente con sus valores, hecho que configura elementos de consistencia y perseverancia, conforme se comprueba en el epistolario de Grau a la señora Carmela Carvajal viuda de Prat. En esta dura prueba: “¿Qué representa el combate de Iquique?  Se pierde ese día, y a millas de distancia, un barco poderoso, pero se gana una manera limpia de combatir...” (De la Puente 2003: 298).

El sacrificio de Miguel Grau y la dotación del monitor «Huáscar» en el combate naval de Angamos, es testimonio de vida que consagra el mejor legado que un marino puede dejar a su patria y futuras generaciones: resiliencia y perseverancia de un espíritu acerado que no fatigó en aprender y enseñar a vivir y morir con dignidad, dominando siempre adversidades en la incertidumbre o en la violencia, saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal, como hombre de bien en familia o como ciudadano diligente para con su nación.

Héctor López Martínez es concluyente al decir: “este hombre, sin embargo, no era un santo ni tampoco un anacoreta aislado del mundo y sus contingencias. Por lo contrario, su existencia fue dura y azarosa, rebosante de experiencias y de humanidad, dándonos desde niño una magistral lección de cómo se pueden superar limitaciones y dificultades hasta lograr un bagaje espiritual que lo convirtió en modelo de virtudes ciudadanas ante sus contemporáneos y la posteridad” (2011: 19).

No es ánimo de este artículo idealizar al personaje, como “nunca ha sido ánimo de la historiografía peruana […] transformar a Miguel Grau en una suerte de mito orientado a enaltecer al hombre perfecto” (De la Puente 2003: 237), porque se pretende reflejar el perfil de Miguel Grau con un enfoque total e integrado. En consecuencia, también se estudian actos y actitudes en la vida del héroe que configuran elementos discutibles de egoísmo y rebeldía, que podrían atribuirle bajas puntuaciones en los rasgos de afabilidad y escrupulosidad, respectivamente.

Actos y actitudes de excepción que podrían afectar tales rasgos de personalidad son la decisión de Grau por la defensa del orden legal y de la constitución en el caso de los hermanos Gutiérrez, en el apoyo a Vivanco contra Castilla, en el levantamiento contra Pezet, su oposición al mando del almirante Tucker y en la postura contraria a la revolución de García y García, donde nos deberíamos ubicar en el discurrir del pensamiento político de Grau. (De la Puente 2003: 240)

Igualmente, en el campo de la actividad privada y personal es discutible la intervención de Grau como capitán de buque mercante dedicado al negocio de colonos de la Polinesia (Ortiz 2003: 109-110),  así como errores y tropiezos en la relación de amistad con Aurelio García y García. Sin embargo, se trata de hechos que ponen a prueba “la fortaleza del hombre que defiende su honor, su rectitud y su dignidad” (De la Puente 2003: 238).

Aciertos o yerros en actos y actitudes que por excepción confirman los rasgos o dimensiones humanas de Miguel Grau de afabilidad y equilibrio emocional, son pruebas valorables que resisten intenciones y propósitos de contribuir a que Grau se vaya “alejando cada vez más de su naturaleza profundamente humana, convirtiéndose en una suerte de semidiós, en el cual todo es perfecto” en clara advertencia de Jorge Ortiz Sotelo (Ortiz 2003: 21-22).

En suma, resiliencia y perseverancia son elementos primordiales que sustentan el rasgo de estabilidad emocional en la personalidad de Miguel Grau al mostrar magnanimidad en la victoria y serenidad en la derrota. La percepción del ilustre historiador Jorge Basadre que pondera elementos de este rasgo, señala: “… aparece sencilla y serena la figura del piurano modesto que era también un cristiano viejo y un criollo auténtico” (Basadre 1984: 160).


6.  Sentido del deber y vocación de servicio: organizado, decidido, consistente y perseverante

El sentido del deber y la vocación de servicio de Miguel Grau son expresiones inequívocas del principio de institucionalidad que rige su vida y pensamiento. El testimonio de Iquique y Angamos no sólo significa para los peruanos el paradigma de la dignidad que fortalece su autoestima sino el paradigma de peruanidad que la motiva, porque representa el cambio histórico de una patria que renace por sí misma y se crece en la adversidad, aprendiendo para siempre que unida jamás será vencida.

Miguel Grau señala: “al servir a la nación, no he seguido por cierto mis propias conveniencias, ni los intereses de mis hijos a quienes si no les dejo una fortuna, mañana les dejaré a lo menos un nombre modesto, pero limpio” (El Nacional, Lima, 20/3/1874) (citado en De la Puente 2003: 203).

Elementos de organización y decisión se sustentan en la percepción que sigue: «así, habla del “vehemente deseo de servir a mi patria y de cumplir estrictamente con mi deber”. El deber y el servicio son dos conceptos que en la vida de Grau están entremezclados; sirve a su país a través del cumplimiento del deber y lo hace sin ostentación, ni enaltecimiento especial, como un acto de regularidad en su vida, y con el apoyo de un patriotismo intenso y muy sincero»  (De la Puente 2003: 234).

La vocación de servicio de Miguel Grau se convierte en pensamiento guia para las futuras generaciones de marinos y se hace explícito cuando puntualiza en sus «Memorias de 1878»: “El servicio de los buques y particularmente el de la Marina de Guerra, necesita hombres […] llenos de abnegación, de costumbres severas y dedicados a su profesión.” (citado en Arosemena 1978: 55)

El sentido del deber y la vocación de servicio de Miguel Grau sustentan elementos de organización, decisión, consistencia y perseverancia que configuran en conjunto el rasgo de escrupulosidad en su personalidad.


7. Sacrificio y conquista: alteridad, afabilidad, escrupulosidad, equilibrio emocional y cultural

Los ciudadanos y marinos herederos de las glorias de Miguel Grau llamados a seguir su ejemplo, recordamos en las letras del himno institucional la expresión que sintetiza los rasgos de la personalidad del paradigma: «Nobleza y Acero», convencidos que con la victoria de Iquique el máximo héroe trasciende los resultados materiales de la batalla ─efímera victoria al fin─, y que con su sacrificio en Angamos, presagio de la victoria final, Grau conquista el espacio interior de hombres y pueblos, cercanos y distantes, y se proyecta como nítido paradigma mundial que compromete a las futuras generaciones. (Doig 2012: 115).

El balance entre tales rasgos se sustenta por un lado en elementos de energía, seguridad y optimismo por alteridad, y en afabilidad por el sentido de realidad, generosidad, modestia e integridad, que son percibidos por Juan de Arona, cuando dice de Grau: «… que posee “alma de acero y corazón de niño”; así, tal vez pinta algo medular en nuestro personaje. Fortaleza, rigor, certidumbre, al mismo tiempo, formas cordiales, generosidad y afecto» (citado en De la Puente 2003: 233).

Por otro lado, los rasgos de escrupulosidad, equilibrio emocional y cultural de la personalidad del héroe encuentran el balance en elementos de confiabilidad, resiliencia, inteligencia y creatividad, respectivamente.


Conclusión

En suma, en el perfil de Grau, dimensiones de alteridad y afabilidad se integran en nobleza al ser magnánimo en la batalla, y rasgos de escrupulosidad, equilibrio emocional y cultural en lo acerado de su tenaz espíritu combatiente en la vida. (Doig 2008: 9).

La acción y actitud de Miguel Grau antes, durante y después del glorioso combate naval de Angamos como oficial y caballero no sólo traspasa el espíritu de marinos y peruanos motivados a emular sus acciones como ciudadanos y soldados de aire, mar y tierra, sino que conquista mentes y corazones de pueblos hermanos enfrentados por la adversidad, convirtiendo su sacrificio en victoria trascendente para las futuras generaciones.

Y para los llamados a seguir su ejemplo, Fernando Romero Pintado nos traza un derrotero: “de las generaciones que lo han seguido oirá siempre una protesta por los motivos que lo obligaron al sacrificio y una oración de gratitud por la lectiva altivez de su muerte. La grandeza histórica con que cumplió con su deber hace que experimentemos orgullo de ser hombres y ser marinos” (Romero 1984: 137).


NOTA DEL EDITOR

* Contralmirante MGP. Colaborador de Foro Geomarítimo. Artículo publicado en la Revista de Marina Año 108 / número 1 - 2015, pp. 95-107.

martes, 22 de septiembre de 2015

Intereses marítimos nacionales: identidad y conciencia marítima

PROMOVIENDO LA CONCIENCIA MARÍTIMA
Dirección de Intereses Marítimos*


Antecedentes

El 21 de junio de 1971, con Resolución Suprema No. 0277-71, se establece la Secretaría General de Marina como organismo encargado de todo aquel aspecto de carácter público y de relación con otros organismos del Estado para todos aquellos asuntos ajenos a la esfera específica de la Armada.

Asimismo, el dispositivo legal dispone que la Secretaría General de la Marina sea un Organismo Asesor del Ministro de Marina y del Comandante General de la Marina. Dicha Secretaría General estaría a cargo de un Oficial Almirante y constituida, entre otros, por el Departamento de Intereses Marítimos.

El 11 de junio de 1980, en cumplimiento al Decreto Ley No. 23088, que promulga la Ley Orgánica del Ministerio de Marina, se constituye la “Dirección General de Intereses Marítimos”, siendo una fecha importante que eleva de categoría y realza la importancia de las actividades realizadas hasta ese momento por el Departamento de Intereses Marítimos.

Con Decreto Legislativo No. 743 del 8 de abril de 1991, que establece la “Ley del Sistema de Defensa Nacional”, se modifica su denominación a “Dirección de Intereses Marítimos”.

El 9 de enero del 2002, por disposición de la Comandancia General de la Marina, se establece la fusión de la Dirección de Información y la Dirección de Intereses Marítimos en lo concerniente a sus funciones y actividades, siendo el mes de julio del 2012 cuando nuevamente se separan.


Misión

Promover, coordinar y participar de las actividades vinculadas con el ámbito marino, fluvial y lacustre, para el estudio y seguimiento permanente de la Realidad Marítima con la finalidad de formular y ejecutar los objetivos y políticas a nivel institucional e intersectorial, conducentes al fortalecimiento de los Intereses Marítimos y la promoción de la Conciencia Marítima.


Intereses Marítimos 

Expresión del deseo colectivo de la Nación de conformar el medio marino y aprovechar sus recursos mediante el desarrollo de actividades en el campo político, económico, social, jurídico, científico, cultural y otros, con el fin de contribuir al bienestar general y a la seguridad integral.


Conciencia Marítima

Conocimiento profundo que posee la población de un país marítimo sobre las posibilidades que se tienen para el uso, explotación y protección de los recursos disponibles en el mar, ríos y lagos; con el fin de alcanzar su desarrollo político, económico social y tecnológico del bienestar y la seguridad nacional.


Realidad Marítima

Totalidad de situaciones o condiciones y capacidades que se encuentran en un momento determinado conformando los elementos de los Intereses Marítimos, incluidas sus actividades, aprovechamiento de sus recursos y uso de los medios requeridos. Es percibida por la población en diverso grado y medida, según su propia experiencia y la perspectiva en la que se sitúe.


Una reflexión…

Año a año se hace un alto a las labores para revisar los retos y tareas que nos impone el desarrollo de la Política General de la Marina, en la cual el logro de los objetivos en ella establecidas representan para nuestra Dirección el rumbo a seguir en la consolidación y fortalecimiento de los Intereses Marítimos, sobre la base de un exhaustivo estudio de la realidad marítima y su entorno, así mismo, rememorar aquellas acciones que se han venido y vienen realizando en pos de la promoción de la Conciencia Marítima.


A manera de conclusión…

Abordar el tema de Conciencia Marítima nos permite, explicar la importancia que tiene nuestro mar y las aguas continentales de nuestro territorio para la vida del país, en tanto el conocimiento de sus características, riquezas y límites podrán brindarnos directrices que, encaminadas con políticas correctas que demuestren preocupación por priorizar los intereses nacionales, podrán hacer posible el desarrollo del Perú y, en consecuencia, el bienestar general de los peruanos.


Cuidemos, valoremos y pensemos en nuestro mar y sus aguas continentales como elementos esenciales de nuestra nación, los cuales son elementos de identidad entre nosotros, desarrollemos medios de producción y difusión de conocimiento de la historia marítima.



NOTA DEL EDITOR 

* Marina de Guerra del Perú. Extracto del tríptico elaborado por la Dirección de Intereses Marítimos, con ocasión de celebrarse en el presente año, el 35° aniversario de constitución como Organismo de Apoyo y Asesoramiento de la Marina de Guerra del Perú, según Decreto Ley No. 23088, promulgado el 11 de junio de 1980.