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viernes, 25 de mayo de 2018

El combate naval de Iquique: paradigma del derecho humanitario


Discurso de Orden de la Ceremonia Solemne del Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú IEHMP por efemérides del combate naval de iquique del 22 de mayo de 2018
Jean Jesu Doig Camino*


¡Señoras y señores!


El mismo 5 de abril de 1879, que Chile declaró la guerra al Perú, ordenaba el bloqueo de Iquique y quedaba planteado el duelo naval. La disputa iba a ser por el control del mar: quien dominara el escenario marítimo tendría ganada la guerra. Así lo registra el almirante Melitón Carvajal Pareja en su libro, tomo XI de la Historia Marítima del Perú, cuyo primer volumen de los tres que lo conforman, se publicó en el 2004 por el IEHMP.[1]

La épica campaña naval, hasta el combate de Iquique el 21 de mayo de 1879, que hoy celebramos, es analizada a la luz de modernos conceptos estratégicos y políticos, y se apoya en documentación de fuentes inéditas, como el Diario de Bitácora del Huáscar, entre otras.[2]

A fines de 1878 el Perú desconocía que tenía una guerra inminente. Jorge Basadre en su Historia de la República, relata que Manuel Pardo, expresidente del Perú recién llegado de Valparaíso, puso en alerta al Gobierno sobre la guerra que preveía. Estimaba que la grave situación solo tenía dos caminos, evitarla o prepararse para ella. El 14 de febrero de 1879, se confirmaron los presagios cuando Chile ocupó Antofagasta y entró en guerra con Bolivia. El pueblo peruano, encendido por los medios de opinión, reclamaba la guerra después del ataque alevoso.

Según Basadre, se desconocía el verdadero poder de Chile y las nefastas consecuencias de un conflicto armado; el aliado del Perú, Bolivia, no contaba, ni jamás tuvo poder naval. Hubo que organizarse apuradamente. El Perú había entrado en una contienda que no había deseado ni provocado y para la cual no estaba preparado. Lo arrastró el tratado de mutua defensa que tenía firmado con Bolivia en 1873, y que fue el pretexto que Chile usó para declarar la guerra al Perú el 5 de abril del funesto año de 1879.

El objetivo político nacional era de emergencia: expulsar a Chile del territorio invadido y eliminar la amenaza de invasión territorial al Perú, con el fin de asegurar la soberanía e integridad territorial de los aliados. La determinación de la concepción estratégica naval surge a partir de ese objetivo político. Así, se define el plan de operaciones navales.

El objetivo naval de Chile lo manifiesta el almirante Williams Rebolledo, es bloquear Iquique y destruir todos los elementos de cargamento de guano y salitre en Tarapacá afectando la generación de recursos fiscales necesarios en el esfuerzo de la guerra, e impedir su fortificación, con el fin de conquistar el control del mar mediante la destrucción, neutralización o captura de la escuadra peruana, y apoyar la invasión de Tarapacá.

El destino de la guerra dependía del control del mar. Iquique, primer puerto mayor peruano viniendo del sur, y centro principal de depósito para embarque de guano y salitre de Tarapacá, era una zona estratégica a disputarse. La escuadra chilena llevaba 30 días incursionando contra los puertos del sur y la opinión pública demandaba que se rompiese el bloqueo de Iquique.

El gobierno peruano ordenó el zarpe de la escuadra. El punto focal del conflicto es el combate de Iquique, con su carga de luz y de sombra, de triunfo y de fracaso. La saga naval empieza cuando la escuadra zarpa del Callao la noche del 15 de mayo con destino a Arica. El 20 de mayo la 1ª división al mando del capitán de navío Miguel Grau, zarpó para amanecer el 21 en Iquique. Grau, va al comando del monitor Huáscar, Guillermo More al de la fragata Independencia. Sus instrucciones: batir a la corbeta Esmeralda y a la cañonera Covadonga que sostenían el bloqueo. A las 6.30 a.m., al avistar las naves chilenas el doble humo de las peruanas, maniobraron en el interior del puerto para situarse mejor. El Huáscar y la Independencia se acercan velozmente, estrechando distancias.

Grau ordena zafarrancho de combate y arenga a la tripulación:

“Tripulantes del Huáscar: ha llegado la hora de castigar al enemigo de la patria y espero que lo sabréis hacer, cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y el 2 de mayo.
¡Viva el Perú!”

A las 8.30 se libra el combate. Melitón Carvajal sostiene que el encuentro fue desigual, pues, como dice Grau en su informe, los disparos de los buques chilenos eran certeros, no así los del Huáscar. Grau decide atacar a la Esmeralda con el espolón. A partir de las 11 de la mañana Grau embiste tres veces; en uno de los embates, Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, cae sobre la cubierta del monitor, y sucumbe victima de su temerario arrojo.

El último espolonazo parte y hunde casi instantáneamente a la nave chilena. Momento terrible, dice Carvajal Pareja, terrible para los hombres de la Esmeralda, como para los del Huáscar, quienes, siguiendo la orden de su comandante, arrían de inmediato los botes para salvar a los náufragos. A bordo, los chilenos rescatados, gritan: “¡Bravo, Comandante Grau! ¡Vivan los valientes e hidalgos peruanos!” A lo que contestan la oficialidad y tripulantes: “¡Bravo, valientes chilenos de la Esmeralda, solo cumplimos con nuestro deber!”. Allí nace la leyenda de Grau, Caballero de los Mares.

Otra fue la suerte de la Independencia, que se perdió en el intento de espolonear a la Covadonga; quedó varada a la altura de punta Gruesa, en un bajo de roca no marcado en las cartas. La conducta de Condell, comandante de la Covadonga, fue diametralmente opuesta: cuando el buque se hundía, mantuvo el fuego contra la tripulación inerme.
Se dijo que la falta de disciplina y de ejercicios de artillería habrían causado la pérdida de la Independencia, aunque Carvajal Pareja concluye que fue una combinación del azar y de una táctica equivocada de More, y que, como es usanza en la mar, la responsabilidad recae sobre el comandante.
Se hizo una investigación sobre la actuación de More, aunque no llegó a juicio, sin embargo, la carga moral lo llevó a inmolarse el 7 de junio de 1880 como jefe de la batería del Morro de Arica. Se perdió el mejor buque de la escuadra peruana. La Independencia, con iguales condiciones marineras que el Huáscar, tenía sin embargo mayor capacidad combativa: con más poder de fuego por andanada podía causar averías de mayor consideración en un enfrentamiento con los blindados. El pequeño monitor quedó solo para hacer la lucha en el mar.
La ejemplar actuación de Grau y su dotación en esta gesta épica, fruto del coraje y esfuerzo en equipo, así como del heroísmo y sacrificio individual de Velarde digno de ser ensalzado, compromete recordar en esta ocasión los nombres completos de todos y cada uno de los combatientes del monitor Huáscar de Iquique[3], así como de sobrevivientes y herderos del Huáscar de esta y otras epopeyas navales peruanas, por el trascendente significado de patria en el sentido de bien común para todos y cada uno de peruanos, que se transmite y compromete por generaciones de ciudadanos a quienes nos sucederán.

Dotación del Monitor Huáscar en Iquique
Oficiales de Guerra
Capitán de Navío Miguel Grau
Capitán de Navío Ezequiel Otoya
Capitán de Fragata Ramón Freyre
Teniente Primero Pedro Rodríguez
Teniente Primero Diego Ferré
Teniente Primero José Melitón Rodríguez
Teniente Segundo Carlos de los Heros
Teniente Segundo Gervasio Santillana
Teniente Segundo Jorge Velarde
Teniente Segundo Fermín Diez Canseco
Capitán de Infantería Mariano Bustamante
Capitán de Columna Manuel Arellano

Oficiales Mayores
Cirujano Mayor Doctor Santiago Távara
Cirujano de Primera Clase Doctor Felipe Miguel Rotalde
Contador Juan Alfaro
Practicante de Medicina José Ignacio Canales
Farmacéutico José Flores
Ayudante Alberto Huertas

Aspirantes de Marina
Carlos B. Tizón
Bruno E. Bueno
Daniel S. Rivera
Federico C. Sotomayor
Manuel Elías Bonnemaison
Grimaldo Villavisencio

Maquinistas
Primer Maquinista Thomas J. Wilkins
Primer Maquinista Samuel McMahon
Segundo Maquinista Thomas W. Hughes
Tercer Maquinista Ricardo Trenneman
Cuarto Maquinista Henry Lewer
Cuarto Maquinista Ernesto Molina
Cuarto Maquinista Archibald McCollum
Ayudante de Máquina Augusto Matheus

Oficiales de Mar
Primer Contramaestre Nicolás Dueñas


¡Señoras y señores!

Hoy celebramos una de las efemérides más significativas en nuestra historia nacional, una página de gloria y de nobleza en Iquique, que se suma después a otra de gloria y fortaleza en Angamos para enseñanza y ejemplo del país y del mundo.
En esta oportunidad, Iquique es símbolo de nobleza porque significa un ejemplo práctico de magnanimidad del vencedor frente al vencido que sabe sobreponerse a las pasiones de la guerra, en contraste al actuar del adversario en la misma epopeya.
En Iquique, nace y se consagra el héroe y paradigma del derecho humanitario consuetudinario en un conflicto armado internacional,[4] por salvar náufragos de una guerra en el mar, al tratar con dignidad y respeto al vencido, al reconocer el arrojo y el valor del adversario, y al compartir la tragedia del héroe caído con generosidad y gentileza, en una guerra entre hermanos —bien llamada fratricida por el héroe máximo—.   
La guerra, fenómeno de insospechables manifestaciones así como de nefastas consecuencias, es parte de la naturaleza humana que nos exige afrontarla con preparación y serenidad, porque es en un extremo la solución del conflicto entre seres humanos por medios violentos.
Los estudiosos de este fenómeno nos recuerdan que “la guerra es la continuación de la política por  otros medios” (Carl Clausewitz, 1831); así como, que “la política es la continuación de la guerra” (Michel Foucault, 1984), actividad que privilegia la solución de conflictos por medios pacíficos, evitando la guerra y fortaleciendo la paz.
Prepararse para lo más nefasto y funesto que es la guerra, obliga a estudiar la política como actividad y comportamiento humano frente al ejercicio del poder, pensando que no hay mejor político que quien es estratega a la vez, ni mejor estratega que aquel que conoce de la política.
Prepararnos para la guerra en el mar, nos exige conocer la realidad marítima para contribuir a desarrollar los intereses marítimos nacionales que sustentan la política y la estrategia de seguridad y defensa nacional, porque sin desarrollo no hay seguridad, ni seguridad sin desarrollo.
La experiencia de Iquique nos recuerda que las guerras se ganan y se pierden antes de empezarlas, por falta de consistencia entre la política y la estrategia, porque ambas se deben guiar por principios y valores que nuestro héroe máximo y su valiente Unidad Naval supieron encarnar hasta el sacrificio.
Seguimos el ejemplo de Grau y de sus bravos combatientes, estudiando y preparándonos para lo peor que es la guerra, en un mundo donde la violencia e inseguridad hace noticia por su agresividad e insania todos los días, en el país y en todo el planeta.
Seguimos el ejemplo del héroe y su dotación, cultivando principios y valores por los que se inmolaron, en un mundo donde la indiferencia y la corrupción ponen en riesgo la viabilidad del país serio, seguro, solidario y sustentable que todos deseamos.
También seguimos este ejemplo esforzándonos por contribuir individualmente y en equipo con el desarrollo del país, al proteger y promover los intereses nacionales en el ámbito marítimo, esto es, en el espacio vinculado a actividades relacionadas con el mar peruano y sus afluentes, oceánicos, fluviales, lacustres y canales interoceánicos de interés nacional.

¡Viva Grau y su Unidad Naval!
¡Viva la epopeya de Iquique!
¡Viva el Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú!
¡Viva la Marina de Guerra del Perú!
¡Viva el Perú!

Muchas gracias.








NOTA DEL EDITOR

* Miembro de Número IEHMP. Colaborador de ForoGeomarítimo. Discurso de Orden de la Ceremonia Solemne del IEHMP por la efemérides del combate naval de iquique. Centro Naval del Perú Sede San Borja, Salón Iquique. Lima, 22 Mayo 2018.






[1] El combate de Iquique por Melitón Carvajal Pareja (2004) en la Historia Marítima del Perú: La República 1879 a 1883. T. XI, vol. 1. Lima: IEHMP.
[2] Efemérides navales. Crónicas de la Historia Marítima del Perú por Esperanza Navarro (2018). Lima: IEHMP.
[3] El combate de Iquique por José Agustín de la Puente Candamo (2003) en Miguel Grau. Lima: IEHMP.
[4] Paradigma del derecho humanitario consuetudinario, por aplicar la costumbre internacional como prueba de una práctica generalmente aceptada como derecho; costumbre, que sería luego recogida en tratados por el derecho humanitario internacional, constituyendo ambas fuentes del derecho internacional público, según artículo 38º del Estatuto de la CIJ de las NNUU (1945).

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